Como ya mencionábamos en otro de nuestros post, con el aumento de dispositivos IoT desempeñando un papel cada vez más importante en nuestro día a día, surge todo tipo de cuestiones que giran al rededor de sobre el desarrollo de, hasta hace muy poco,  increíbles aplicaciones, como Smart Dust.

Dentro de estas fantásticas invenciones, ningún dispositivo de IoT es tan llamativo como el “polvo inteligente”, prueba fehaciente de que la miniaturización de IoT alcanza el ámbito más puntero de la nanotecnología.

Es increíble pensar en todas las posibilidades que IoT ofrece en nuestro día a día, y no solo a nivel personal, sino en un entorno empresarial, más propio de IT.

Actualmente, contamos con una gran cantidad de sensores conectados a Internet, dispositivos con mecanismos de control y artilugios de automatización del hogar. Sin embargo, conocer cómo se está trasladando al ámbito empresarial es más propio de la ciencia ficción.

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Smart Dust consiste en sensores nanotecnológicos que se pueden implementar en millones o miles de millones de unidades, con una gran cantidad de aplicaciones.

A nivel individual, los dispositivos Smart Dust se conocen como Motas o Mems. “Motas” se refiere a una partícula pequeña genérica, mientras que “MEMS” es un término más especializado que significa “sensores microelectromecánicos”.

En Base10 creemos en las posibilidades que ofrece este desarrollo en cualquier ámbito, desde la gestión del clima global y la supervisión inteligente de una ciudad, hasta el mapeo de una zona de guerra y como herramienta de medicina interna.

Forman un pack único con detección, computación, comunicación y potencia para recopilar datos e informar. Parece una herramienta más propia de una película de James Bond.

Smart Dust: Beneficios para la industria

  • Automatiza muchas tareas manuales propensas a errores que implican calibración y monitoreo.
  • Proporciona datos precisos de la salud de los motores a fin de realizar un mantenimiento más oportuno cuando sea necesario
  • Detección de corrosión en elementos físicos envejecidos antes de que filtren
  • Elimina completamente los enrutadores cableados y los reemplaza con un solo chip Smart Dust que podría manejar todas las funciones de hardware y software para redes distribuidas, utilizando cinco veces menos energía que las redes convencionales.
  • Los nodos Smart Dust incluso pueden estar equipados con receptores GPS. Se puede utilizar para rastrear los movimientos de los visitantes que deambulan por la oficina para ver si van a cualquier ubicación restringida.

En definitiva, mejorar la seguridad y la eficiencia y permite reducir los costes de sistemas e infraestructuras.

Hasta ahora os hemos contado las ventajas de implantar sensores Smart Dust, pero, como en todo, también hay un lado negativo.

La privacidad a debate

Una de las principales desventajas del Smart Dust es el problema de privacidad para las organizaciones que lo usan. Si estos dispositivos lo detectan todo, ¿dónde está el límite?.

Al ser partículas casi invisibles, se genera cierta inseguridad que deriva en un problema de espionaje.

La ética está en juego. Surgen dudas sobre cómo escoger qué empleados dejarían analizar los datos que sus sensores están dando y a qué tipo de información tendrían acceso. Es probable que la privacidad que esta herramienta pone en entredicho sea un debate continuo y complejo en los próximos años.